Tratado del Tránsito Intestinal

Ya en otra historia abordé el delicado tema del tránsito intestinal, aunque de una forma colateral y poco pedagógica, así que me parece buen momento para profundizar (le dedico este post a Tubo). Como todos sabemos, se trata de un tema bastante delicado, tabú para muchas personas, que jamás admitirían tener órganos para la digestión de la comida, ni un aparato excretor.

No podemos escapar de ello: lo que entra, debe salir.

Por alguna incomprensible razón, algo tan natural como expulsar los desechos es, en esta sociedad, uno de los actos más privados y secretos que se puedan considerar. En la Edad Media no era así. Y en la Edad Baja, tampoco. Durante milenios la humanidad ha utilizado como mucho un matorral, o ha preferido decorar las calles de sus ciudades con… coprolitos. Afortunadamente ahora existen redes de alcantarillado, que sirven para algo más que dar cobijo a cocodrilos albinos, ratas gigantes y asociaciones clandestinas de revolucionarios.

Hacerlo es algo muy delicado: el éxito de las operaciones depende de muchos factores interrelacionados. Tomemos por ejemplo al viajero que se hospeda en la casa de unos amigos durante algunos días: es muy posible que desarrolle cierto estreñimiento nervioso como consecuencia de la embarazosa situación de tener que evacuar en territorio inexplorado. Hacerlo no es tan fácil como parece. La gente entra en los baños públicos de, pongamos, un aeropuerto, y se queda mirando las inscripciones grabadas en las paredes, o canturrea.

Pero no lo hace.

No lo hace porque no se siente en casa, no se siente cómoda. El acto consiste en una mágica sinergia de ruiditos, movimientos y manipulaciones. Primero, el ruido de los pantalones que bajan, el zip que se abre, el trasero que se apoya en el aro de la taza (que en los lugares públicos tiene más vida – bacteriana – que una disco el sábado noche), y los ojos que empiezan a explorar el entorno. Muchas personas traen al cuarto de baño material de lectura: hay gente que ha aprendido más cosas al lado de Pato WC™ que en la universidad. Algunos ejemplos:

� Playboy, que es una de las mejores revistas de Anatomía Femenina Comparada
� Interviú, que tiene páginas de reportajes aparentemente serios para disimular
� Caza y Pesca – ¿hay algo mejor que descargar mientras uno lee sobre jabalíes en Castilla?
� Scherzo – para enterarse de los últimos estrenos en la ópera de Bratislava
� Un tomo de la Salvat – el que va desde Somoz hasta Tucidi
� Un atlas de Oceanía – que se apoya, abierto, encima del bidé
� Algunos periódicos manejables – no como los ingleses, que necesitan brazos y manos enormes
� El último cómic de La Masa

Y muchos más que ahora no mencionamos por falta de espacio. La lectura, como decíamos, puede ayudar bastante en la penosa tarea de echar el fiambre al agua. Pero no es el único factor, ni mucho menos. El lugar debe estar lo suficientemente aislado. Algunas personas prefieren echarle el pestillo a la puerta, incluso estando en familia: es evidente que lo hacen por el bien de la humanidad, por si sale un alien en vez de un truño, y se lía la cosa. Otros – pocos – acompañan sus evoluciones con música. Si es Bach, mejor. Mientras Mozart aumenta la inteligencia, Bach mejora la motilidad intestinal*.

Después de todos estos preliminares, llega la fase central del acto, que se puede expresar de muchas maneras: la salida del coche, el lanzamiento del torpedo, el impacto del avión, la explosión termonuclear, la caída de Ícaro, la llegada del asteroide, etcétera. La persona asume un estado mental parecido al nirvana de la tradición budista Zen: ojos entrecerrados, mirada vacía, músculos relajados. Todo su Yo está concentrado en un solo pensamiento: ése. En un esfuerzo de escatológica intensidad, el ser humano, la criatura más inteligente del Universo después de los brócoli**, hace de vientre.

Obviamente, cada persona tiene su estilo, su personalidad. Veamos algunos perfiles que Herr Doktor Putten ha estado analizando durante años de estudios de campo:

� Princesas Invisibles: No hace ruido, ni deja extraños olores por la casa. Desaparece en el cuarto de baño, cierra la puerta y cuando se abre, ya no hay nada.

� Much-Ado-for-Nothing: Estos se dan ánimos mediante alboroto y producción de señales típicas, como cuescos silbantes, sonidos de choff, gritos de satisfacción, arias de ópera, etcétera. Pero luego resulta que incluso un conejo lo hubiera hecho mejor.

� Atascadores: Gente muy eficaz y resuelta, sin problemas de tránsito intestinal. Dejan un regalo bien fresquito en la taza que hay que eliminar con cantimploras de ácido sulfúrico (no vaya a ser que cobran vida propia y fundan un partido, como ya ha ocurrido en muchas ocasiones).

� No-me-sale: Se quejan perennemente de que no consigan evacuar, y le dan la culpa a todo lo que encuentran en su camino: Es que no he comido fibra… Es que necesito más ciruelas en mi dieta… Es que estoy nervioso… Tengo miedo a que salga una mano peluda del inodoro***…

Tras haber evacuado, hay que tirar de la cadena, o pulsar el botón, o presionar la palanca. Es una actividad muy divertida, casi un juego de azar… ver como nuestros desechos desaparecen hacia el filtro de sifón, uno de los inventos más subestimados de la humanidad, mediante el simple vaciado de un depósito de agua. Nunca se ha visto semejante desperdicio de recursos, pero así es occidente, ¿qué se le va a hacer? De vivir en el campo, uno ya tendría abono.

Siempre y cuando uno no tenga problemas en la perola y no se quede observando su creación, los restos de su comida ya han desaparecido hacia el sistema de alcantarillado, donde serán llevados hacia el río más cercano, para ser depurados luego en el acueducto de la próxima ciudad a lo largo del cauce. Ahora es cuando toca limpiarse. Existen dos escuelas de pensamiento.

– La Escuela del Papel Higiénico considera que la mejor forma de limpiar el trasero es mediante el uso de papel suave, tan suave que incluso los cachorros tiran de él en la publicidad. Es un sistema relativamente cómodo y silencioso, además produce dibujos interesantes. Lástima que se talen millones de árboles cada día para limpiarnos el trasero.

-La Escuela del Bidé lucha para que este mueble de baño sea reconsiderado en su justa dimensión. Nadie sabe exactamente para que sirve, pero allí está, y algunos lo encuentran muy cómodo para el lavado de la parte trasera del cuerpo, alcanzado cotas insospechadas de higiene personal. Otros lo usan para lavarse los pies.

También los hay que no se limpian (por desgracia). ¿Y vosotros? ¿A qué escuela pertenecéis? No, mejor no lo pregunto, ya me he pasado de la raya escribiendo sobre un tema tan incorrecto, no hace falta que meta el dedo en la… llaga. En fin, que por ahora es todo.

Fuente: http://fbenedetti.blogalia.com

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